Puerta Grande para Román en la vuelta de los toros a la ciudad complutense

Carlos de San Lázaro Campos

Tras un lustro sin poder disfrutar de una tarde de toros en la ciudad complutense de Alcalá de Henares hoy se pudo romper el maleficio que iba camino de alargarse. Diferentes situaciones administrativas e incluso intentos de boicot por parte de detractores de la Fiesta y lo más reciente la dichosa «plandemia» son los causantes de ese espacio en blanco sin festejos taurinos en una ciudad que goza de una tradición taurina con mucha solera e historia. Después del fallido intento del pasado año hemos de agradecer la valentía de la empresa LOYJOR, concesionaria de la plaza de toros de Alcalá de Henares, por arriesgar este año. La corrida fue de lo más entretenida ya que tuvo de todo. Bronca por pasar desapercibido en líneas generales la suerte de banderillas ya que vimos errores a la hora de calcular las distancias y otras por una apreciable falta de interés a la hora de cuadrar las banderillas. En esta ocasión no quiero juzgar a ningún banderillero ya que tengo gran respeto hacia estos grandes profesionales, sólo he de plasmar aquí lo que tanto yo como otros aficionados pudimos ver. Otro anecdótico acontecer desató las risas del público y alguna voz molesta, ya que uno de los areneros fue protagonista por un instante al confundirse, una tras otra, con la carretilla que va marcando la división de los tercios. Destacar igualmente la presencia de una bandera de la Región de Murcia en los tendidos, en señal de que Rafaelillo contaba con unos paisanos suyos desplazados desde la vega del río Segura. Imagino que por igual el valenciano Román estuviese arropado por seguidores de la capital del Turia, aunque no se mostrase ninguna bandera que lo asocie a esa bella tierra levantina.

La Corrida

Primero de la tarde-noche por nombre Hermanéutico, herrado con el número 14, buena planta y trapío. La tenacidad del murciano fue percibida por el público que supo animar a Rafaelillo en los momentos en los que su primero incomodaba la faena. De inicio vimos a un Rafaelillo queriendo bordar una faena con la capa que quedó en retales bregando con el capote por ambos lados. La faena de muleta fue un duro examen para el diestro que puso de su parte pero el toro se quedaba corto. Ligó unos pases por bajo con temple y seguridad, pero sin culminar con brillantez, lo que hace que pronto se decida por la suerte suprema. Mata de estocada corta y precisa de descabello. Saludó y ovación. En su segundo toro supo destapar el tarro de las esencias y vimos a un Rafaelillo volcado en la faena de muleta. El toro que tenía muchos pies y bravura llegó incluso a empitonar las tablas cerca del burladero del Tendido 3. Hebrero, cárdeno y herrado con el número 11, con buena embestida, pudimos disfrutar de preciosos lances a la verónica y chicuelinas que el murciano supo robar a un exigente toro. Con la muleta vimos tandas por naturales tomadas con quietud y despacio, hasta que un arrebato de enérgica torería hizo conectarse con el tendido y que la banda de música supo acompañar. Estocada profunda con fuerte petición de oreja, la cual fue concedida.

Javier Cortés se ganó el cariño y consuelo del público y de sus compañeros de terna que le brindaron sus toros. Su coraje y constancia tuvo su merecido premio en forma de oreja y es que aún sin haberse repuesto de la cogida que sufrió en Linares un día antes, decidió hacer el paseíllo en la «estudiantil» alcalaina. De primeras se topó con Ventero, negro bragado perteneciente al hierro de Victorino, como el resto del encierro, ofreciendo un ramillete de verónicas con salero y compás. Versó con el capote la verdad de su toreo, esa forma de torear, que todo buen aficionado conoce y motiva a disertar sin rodeos cuando tiene ante sus ojos a un magnífico artesano en el ruedo. En banderillas he de citar a su peón Antonio Molina por sus dos pares muy aplaudidos llegando a desmonterar agradecido. En la muleta vimos a un Javier Cortés seguro en sus posibilidades. No fue del todo lúcida la faena, en la que nos pudo deleitar con unas tandas por naturales y a pies juntos unos muletazos que calaron en el público. A la hora de matar endosa una estocada que hace rodar al toro sin puntilla, aunque vino precedida de un primer intento que acabó en pinchazo. De pronto asomaron los pañuelos con una fuerte petición de oreja que fue concedida. En su segundo toro, quinto del festejo, vimos una breve faena de capa con la que recibía a Palmireño, cárdeno bragado y herrado con el número 15, cómo podía ya que echaba las patas por delante. Con la muleta volvieron los olés del público. Muletazos de dos en dos, en los que el diestro madrileño gustaba dejar rúbrica. Gustó su toreo a pies juntos con verdad y emoción pero culpa de sus errores con el acero perdió la oreja.

El valenciano Román Collado se llevó el festejo de hoy gracias a sus aciertos con el acero y lo más destacado su arte, ese saber hacer en el ruedo que incluso llegó a meterse al público en el bolsillo. Escritor saltaba al redondel embistiendo con arrancada y franqueza en las cabezadas. Más lúcida e intensa fue la brega con la muleta en un embroque en el que el diestro llegó con tenacidad y aplomo a dominar al astado. Acertó con el acero que se sirvió para anotarse un primer premio, ya casi acuñada su salida a hombros como vimos en el sexto que marcaba el ocaso del festejo. Saltaba al ruedo Paquetillo, el toro negro bragado que cerraba el festejo que no se mostró con ganas de combatir mucho y aunque no se lo puso fácil a su oponente terminaría doblegado por el valiente diestro Román. Con el capote no dejó lucirse, incluso llegó a apoderarse de él paseando «su trofeo » por los medios. Lo mejor se hizo esperar y fue en el último tercio la parte más interesante. Templado, dejando el sitio que el toro le pedía, liga unos bellos derechazos que acompaña persistente ya que el toro se distrae por momentos y se para. Román emplea sus recursos y el público entregado a su faena sabe responder agradecido. Mata de una gran estocada bien profunda y certera que hace doblar de forma instantánea al toro. Recibe su merecido premio de la oreja pedida con toda la plaza en pie con los tendidos anegados de blanco inmaculado símbolo.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Alcalá de Henares (Madrid). Toros de Victorino Martín.

Rafaelillo: Aplausos con ovación y oreja

Javier Cortés: oreja y ovación.

Román: oreja y oreja.

Foto: Gestión y Producciones Loyjor
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