La CONTRACRÓNICA: Jornada de reflexión

Alejandro Sánchez
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Con un ambiente extraordinario, casi como si de una tarde de lleno se tratase, el protocolo de actuación de la empresa fue extraordinario, tanto en el orden de entrada como el de salida. Pero hay que remontarse un poco antes, minutos antes, en los bares de alrededor, que harían tanta caja como el resto del año. Sin duda esperaban una tarde de esta como agua de mayo. El público fuera de la plaza se comportó, incluso en las largas colas para entrar.

Dentro de la plaza, todo con un estricto control, tanto por la megafonía como en los carteles. Acudes al asiento, que está debidamente marcado con una etiqueta de «Siéntate aquí», con distancia con el público. Lo cierto es que el asiento que pude comprar a través de la página web me indicaba un asiento que no estaba disponible, pero no fue óbice para estar con distancia de seguridad dentro de la propia grada. La sensación de la tarde era como si fuera mi primera tarde en los toros. Incluso en las propias Ventas.

Las seis en punto de la tarde. Casi más de 35 minutos en el asiento, que se pasan como si fueran cinco minutos de las ganas que hay de volver a ver una corrida de toros en Las Ventas. Suenan los tambores y a la vez no se oyen. Retumban los aplausos de la gente, emocionada con el fantástico regreso, a pesar de las octavillas de que habían vuelto los toros gracias a Ayuso. Jamás escuché una ovación tan atronadora y sentida. La debieron escuchar en todas y cada una de las plazas de toros que llevan meses cerradas por esta maldita pandemia.

Regresamos a un festejo que tuvo de todo. Si no se grita o se oyen las quejas, no se está en Madrid. Sobraron millones de ‘Vivas’, especialmente aquellos que rompían el silencio y el compás que tenían toro y torero en la plaza de toros más importante del mundo. Las cabezas se revolvían, aunque pasase algo en el ruedo (la mayoría del tiempo nunca pasaba nada). Se oyen murmullos y el tumulto se fijaba en los alborotadores. O alborotados. No pasan a males mayores.

A medida que avanza la tarde, cae el sol y cae el calor, que no fue excesivo en la tarde primaveral. El frío venteño de las últimas horas vespertinas se echaba de menos, esa que hace necesario que eches mano de una sudadera o incluso la chaqueta. Media plaza ha abandonado su localidad. Casi tres horas de festejo son eternas. Y más si en el ruedo no se ve una actuación completa. Falta el toro bravo. Ellos se pierden la actuación de un joven con mucha disposición de llegar a cumplir su sueño. Ganas no le faltan, y esperemos que oportunidades tampoco.

Así finaliza el regreso de los toros a la Comunidad de Madrid en un cierre de campaña del propio PP. Ayuso se adjudicó un punto cuando permitieron el evento. Hay motivos para que esto no pare. Se ha demostrado que la cultura es segura, y que Las Ventas registró un lleno de 6.000 personas, un 25% del aforo. La próxima será en Leganés, y estamos seguros de que será tan triunfal como este festival. ¡Qué alegría volver a ver tanta vida en los tendidos de la plaza más importante del mundo!

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