Tarde de expectación como hace varios años que no vemos en los alrededores de Las Ventas. Se superaron los 20.000 espectadores largos en un Domingo de Ramos, como siempre, fuera de feria, como ya hizo siete años antes Iván Fandiño aquel 29 de marzo de 2015. Hoy toreaba solo Emilio de Justo, queriendo dar, de nuevo, un golpe sobre el tablero para demostrar el «aquí estoy yo». Una atronadora ovación asomó al mismo tiempo que desde el patio de cuadrillas salía el torrejoncillano. La misma que cuando acabó el paseíllo y le obligaron a salir a saludar al tercio. La historia, que solo la escriben los valientes, se ha quedado a medias, porque la verdad de la fiesta de los toros, aquella que la hace grande, asomó de nuevo, tornando lo que iba a ser histórico en trágico, casi fatal.
Asomó a las seis de la tarde en primer lugar un ejemplar con kilos de Pallarés. El cárdeno de santacoloma se quedó crudo en el caballo, ya que en el segundo encuentro partió la vara de picar y el presidente cambió el tercio. Muy entero estaba. Emilio, que lo saludó con buenas verónicas, se plantó en los medios con la mano izquierda, para dejarnos bellos pasajes hasta que duró el toro, que ya al final se desentendió. Toda la verdad que esperábamos la sacó ya en el primer toro al entrar a matar para conseguir el primer trofeo, que ya lo tenía en la mano. Una fea voltereta, con el golpe en el suelo, lo dejó muy dolorido, saliendo a la carrera. Meritorio el quite de José Chacón, que se tiró encima del toro para quitárselo cuando le hacía hilo. Se lo llevaron con el toro y el espadazo en todo lo alto. Afloraron los pañuelos y cayó la oreja, la única que podría pasear.
Con el susto en el cuerpo, llegó la segunda parte de la corrida. Y aún quedaban cinco toros en los toriles. Por megafonía, tras unos minutos muy angustiosos, se anunció que Emilio de Justo no podría seguir la encerrona. Papelón, que no papeleta, la que le tocaba a Álvaro de la Calle. Como sobresaliente, cinco toros de diferentes encastes, y toda la atención recayó en el secundario. O, como en el argot taurino se dice, sobresaliente. Dignidad, humildad y compromiso. Su nombre hoy es un hervidero en los corrillos taurinos. Se convirtió, por causas del destino, en protagonista inesperado. Dio toda la verdad que pudo dar un hombre que apenas torea, y se viste como un torero, porque lo es y será.
La afición de Madrid, esa de la que echan pestes y no los quieren ni ver, demostró que estuvo de lado del torero que quedó. No se movió la gente. Y la plaza le despidió con honores. Con el segundo de Domingo Hernández lo toreó con gusto, pero estuvo flojo ya con la muleta. Con el tercero, el cárdeno protestado de Victorino Martín, un inválido, poco pudo hacer más que estar digno. Con el quinto de Palha, al que se le hicieron mal las cosas desde el principio, le costó, pero el animal portugués tampoco tuvo nada dentro. Al segundo intento dejó una gran estocada tirándose a matar. Con el sexto de Parladé, al que recibió de rodillas en la puerta de toriles, lo dio todo.
Mención especialísima para el bravísimo cuarto, de nombre Duplicado de Victoriano del Río. Entró tres veces al caballo, siendo perfectamente cogido por Óscar Bernal. Y por picadores como él, ellos también se visten de oro. ¡Qué emoción! Los tendidos reventaron a aplaudir la tercera vez que Álvaro de la Calle puso al toro en los medios. Con alegría fue las tres veces. En banderillas se vino arriba, destacando los hombres vestidos hoy de azabache. Saludaron los tres por la gran lidia. Frente a frente, Álvaro de la Calle se encontró con el toro soñado en Madrid, aquel bravo y encastado que pedía un torero delante para hacerle frente. Con lógicas limitaciones, se echaron las manos a la cabeza imaginando lo que hubiera sido en manos de Emilio de Justo. ¡Cosas del destino! Buenas tandas por la derecha. Tuvo que descabellarlo. Los aficionados asomaron entre pañuelos y vueltas al ruedo. Con toda lógica, asomó el pañuelo azul. Entre aplausos y vitores de aquellas que rugen en Madrid cuando se va un toro bravo, Álvaro de la Calle dio una meritoria vuelta al ruedo.
Casi dos horas y media después, la afición aguantó el chaparrón, disfrutó de una buena tarde de toros en la medida de las posibilidades. Avatares del destino, cambiaron los papeles, pero lo más importante: se ha visto un toro BRAVO, con mayúsculas. ¡Enhorabuena Victoriano del Río, pronta recuperación para un Emilio de Justo al que esperamos y todos los honores para Álvaro de la Calle!
FICHA TÉCNICA
Plaza de toros de Las Ventas. Corrida de toros del Domingo de Ramos. Toros de Pallarés, Domingo Hernández, Victorino Martín, Victoriano del Río, Palha y Parladé, en ese orden. Premiado con la vuelta al ruedo Duplicado nº145, de Victoriano del Río.
Emilio de Justo: oreja en el que cayó herido.
Álvaro de la Calle, sobresaliente: silencio tras dos avisos, palmas, vuelta al ruedo, ovación y ovación.
Foto de portada: Rubén Manzanares

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